[#PorQuéTeGustará] Ghost Recon Wildlands

Los padres siempre nos han dicho: “las drogas son malas”. Pero nunca nos imaginamos que acabaríamos en medio de una Bolivia corrupta, desmantelando uno de los grupos narcotraficantes más grande del mundo. Para eso está Ghost Recon Wildlands.

Ghost Recon es una de “esas” sagas de Ubisoft, repleta de altibajos pero que nunca nos ha dejado indiferentes. Ahora, la empresa francesa quiere romper con todo aquello que conocíamos: propone un Ghost Recon en mundo abierto.

La saga se adapta al ya, más que conocido, género de los sandbox. Pero, ¿cómo lo hace?

Blanca felicidad

Ghost Recon Wildlands no trae ninguna sorpresa argumentalmente. El juego deja a un lado al jugador para centrarse en Santa Blanca, la organización criminal que está destrozando Bolivia.

La historia continua el carril típico en que, nosotros honrados soldados americanos, intervenimos en el país en favor de los rebeldes para acabar con la corrupción. Hasta aquí, todo bien.

Pero el epicentro del título se encuentra en El Sueño. Este es el nombre del “malo más malo” de Santa Blanca. En su visión de la vida, del mundo y, sobre todo, de la droga. Junto a él, encontramos varios cabecillas formando un árbol de poder dentro de la mafia.

Ya está claro que nuestro objetivo, como grandes defensores de la libertad americana, es liquidarle a él y a sus afines. ¿No?

Aunque el argumento no sea especialmente complicado ni original, sí cumple. El principal medio para narrar la historia es el uso de cinemáticas, pero, a parte, el mundo se siente coherente.

Es decir, estamos dentro de un país corrupto hasta la médula donde, prácticamente, el jefe de estado es el narcotraficante más temido del planeta. Hasta tal punto llega, que el propio ejército nacional trabaja en favor de Santa Blanca.

Las radios locales promocionan la compra de cocaína, el territorio parece en guerra (luego me centraré en el mapeado más a fondo) … Ghost Recon Wildlands no te deja olvidar por qué estás ahí.

Nieve todo el año en Bolivia

Mundo abierto. Estas son las dos palabras más importantes de Ghost Recon Wildlands. Bolivia es el estado escogido para tal enmienda y, ciertamente, Ubisoft ha demostrado su buena elección.

Desde el primer minuto de juego se nos abre frente a nosotros un mundo vasto y precioso, mancillado por la droga y la corrupción. Centrados en una región de Bolivia, el mapa está dividido por diferentes zonas que, por lo general, coinciden con distintos ecosistemas.

Desde densos valles, hasta altas montañas; pasando por pequeños paraísos latinos. Ghost Recon Wildlands es atractivo para la vista, con un mapa cuidado al detalle y que te encantaría visitar.

Los viajes en carretera nos dejarán varias imágenes perfectas para una (o dos) postales que mandarles a nuestros amigos. Y más de una vez nos quedaremos disfrutando de un atardecer o amanecer tras un tiroteo, porque también hay que descansar.

Pero, como decía antes, el juego no te deja olvidar dónde y por qué estás ahí. El gigantesco mapa está repleto de terribles escenas que tiñen de sangre el paraíso deseado por todos los mortales.

Cuerpos sin vida tirados a un lado de la carretera, edificios consumidos por las llamas, cadáveres ahorcados en las farolas y entradas de los pueblos, narcotraficantes armados en cualquier parte… Bolivia parece herida.

Pero, la cruz de la moneda, es que la belleza inherente en el escenario sustituye a la utilidad del mapa. No pararemos de recorrer una Bolivia vacía en la que, excepto los pueblos y campamentos, no encontraremos nada que hacer.

No hay ruinas donde encontrar coleccionables, ni actividades secundarias (que no son lo mismo que misiones secundarias), ni lugares que, simplemente, visitar porque están ahí.

Material de buena calidad

Ghost Recon Wildlands es un juego, técnicamente, notable. No sorprenderá por su calidad gráfica si la comparamos con otros títulos (he analizado la versión de PlayStation 4), pero sí tiene un rendimiento que hace que no me importe.

Excepto algún tiempo de carga algo más pesado y una o dos bajadas de fps puntuales, el título puede presumir de cumplir con creces en este apartado. Los narcos no tiemblan cuando aparecen cientos de soldados y decenas de explosiones.

Y Ghost Recon Wildlands tampoco. Siempre mantiene el pecho en alto y no se deja ganar por algunos NPCs de más en la pantalla, lo que es un logro.

El aspecto técnico y estilístico están de la mano al sonoro que, aunque pueda pasar sin que te fijes, es realmente bueno. Antes comentaba las radios, pero las voces de los nativos de la zona, las explosiones… se unen al mapa para hacer una experiencia completa.

Redefiniendo la mezcla

La saga siempre estuvo marcada por ser un shooter táctico, y esta última entrega amplía este concepto inicial. Ghost Recon Wildlands en una macedonia de varias ideas que Ubisoft consigue unir en una explosión de sabores (por seguir con la metáfora culinaria).

Respecto al apartado táctico: junto a nosotros encontramos a otros soldados que nos acompañarán a lo largo de la aventura. Estos compañeros no pasan como las típicas Inteligencias Artificiales sin importancia alguna, sino todo lo contrario.

Son necesarios para superar las misiones. Es decir, el título está hecho para el cooperativo, pero para aquellos que carezcan de personas con las que acabar con la droga, Ghost Recon Wildlands no quiere estropearte la experiencia.

Los enemigos no detectan a nuestros alegados y, aunque a veces es descaradamente falso, esto facilita y dinamiza el juego. Admitámoslo, si los detectasen nos hartaríamos. Además, como en todas las entregas de la saga, contamos con comandos para “controlar” a los soldados.

Atacar, parase, ir a… Podríamos pasar de estas opciones, pero seguramente pereceríamos en el intento. El juego te invita a utilizar estas mecánicas y, casi, te obliga también. Transmitiendo la idea argumental de que estamos en un país conquistado por Santa Blanca, siempre estaremos en desventaja numérica.

Y Ghost Recon Wildlands lo resuelve con el sigilo. Sí es cierto que, si el jugador lo desea, puede entrar a pecho descubierto y gritando el himno estadounidense. Pero no es nada recomendable, los errores se pagan muy caros.

El silencio y la cautela son las habilidades más valiosas de nuestro pequeño escuadrón. Desde un dron para marcar los enemigos, hasta prismáticos; el juego nos da todo para poder ser serpientes dentro del campo de batalla.

Incluso el arsenal está afectado por esta idea. Los silenciadores son necesarios y, en cuanto se desbloquee, el francotirador se convertirá en el amor de nuestras vidas.

Junto al ya conocido sistema táctico de los Ghost Recon, podemos ver un sistema de habilidades que se van desbloqueando según encontremos suministros y documentos por el mapa.

El árbol de habilidades se divide en varias categorías que se centran en cada aspecto de juego (armas, compañeros, tecnología, vehículos…), permitiéndonos personalizar un poco el cómo nos enfrentemos a los narcotraficantes.

Además, también se pueden mejorar las armas con distintos accesorios que vayamos encontrando y escoger el equipamiento que llevaremos en cada una de las misiones.

Pero, ¿y las misiones? Principales y secundarias, básicamente. La mayoría se centran en ir a un punto y conseguir algo, ya sea información, liquidar a alguien o salvar a un rebelde. Aunque la gracia no está en el tipo de tareas, sino en el orden.

Ghost Recon Wildlands nos da libertad a la hora de seguir la historia, a veces podremos escoger entre varios caminos. Dentro de los cuales, cada camino nos ayudará a centrarnos en un tipo de mejora; consiguiendo que el juego no se haga repetitivo.

Aunque, no todo es perfecto. Como cualquier sandbox moderno, el último Ghost Recon cuenta con un gran abanico de vehículos… horrorosos de controlar. Las físicas y el control (valga la redundancia) no logran transmitir nitidez y dinamismo.

Esto no sería mayor problema si el juego no nos invitase a recorrer las carreteras o los cielos. Coger curvas es una epopeya y conducir un coche grande (pienso en las furgonetas) es casi imposible. Muchas veces sentirás como si las ruedas no girasen o el suelo estuviese lleno de aceite. O directamente tu helicóptero explotará. Porque sí.

A pesar de este pequeño manchón, Ghost Recon Wildlands puede decir que es una innovación importante, y muy buena, para la saga.

Las novedades que traen esta entrega están lo suficientemente bien llevadas como para renovar la saga y darle un soplo de aire. Además, lo que ha logrado Ubisoft con el mapa es digno de ser recordado.

Y es que, ciertamente, la empresa francesa ha empezado muy fuerte 2017.

Si queréis luchar contra la Bolivia corrupta y destrozada por el narcotráfico, podéis haceros con vuestra desintoxicada copia de Ghost Recon Wildlands en GAME. Los rebeldes os necesitan.